ARTICULO DE ALFREDO GONZÁLEZ CALLADO SOBRE EL LIBRO: ADIÓS A LAS TRINCHERAS.


RESEÑA CRÍTICA DE ALFREDO GONZÁLEZ CALLADO 
AL LIBRO
1936. ADIÓS A LAS TRINCHERAS. 2016


Con una prosa espléndida y cristalina, por momentos de una calidad deslumbrante, y entre el dolor, la rabia y el amor, Luis Emilio, en "1936 Adiós a las trincheras 2016" nos ofrece un retablo lleno de estampas, una colección de imágenes recobradas creando o recreando la memoria familiar, y en ello colectiva, de un tiempo en que las gentes olvidaron sus vecindades y crearon, en ambos dos mandos, un odio desmesurado, cruel y catastrófico. Aunque se lee como novela, "Adiós a las trincheras" no es una novela, o no una novela al uso tradicional, pero uno avanza de capítulo en capítulo con desesperación y hermosura, ávido del capítulo siguiente como esperando el desenlace, y sin encontrarlo, uno sigue avanzando capítulo a capítulo vorazmente, como si se nos fuera en agonía hasta hallar el punto final que es como encontrar la paz, y eso es precisamente lo que nos queda, una paz o un sosiego y un regusto literario del que sabe que lo leído es una obra notabilísima escrita con un estilo prosístico de una calidad y una calidez ejemplar. Olvidando las típicas digresiones de otras novelas anteriores de Luis Emilio, y con lo que yo estimo las digresiones, "Adiós a las trincheras" busca lo inmediato, sin recovecos que puedan distraer al lector, como muy a lo llano pero con un lenguaje, con un verbo, que para sí lo quisieran algunos de los escritores que venden millones de libros fácilmente olvidables. De la memoria al ensayo, de la estampa a la historia, de la lírica al documento, de la rabia al amor, de la biografía a la autobiografía, como solían ser las biografías que escribían Gómez de la Serna y Umbral; de la verdad a la leyenda, Luis Emilio consigue en "Adiós a las trincheras" conmoverme y concienciarme, perdonar y que me perdonen, herir y ser herido, amar y ser amado, y olvidar también: olvidar y ser olvidado también. Un libro hermoso, valiente, recreador, como un cuadro de Solana al que se le ha añadido un toque de verde, por aquello de la Esperanza.

 Me ha encantado; enhorabuena.


Alfredo González Callado. 

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